El ser madre cambia nuestras vidas por completo. Esta nueva etapa afecta nuestros cuerpos, nuestras emociones y nuestra salud mental. Las madres sienten un cambio total en su ritmo de vida, sus prioridades y en su identidad. Muchas mujeres se sienten solas en este camino de la crianza. La soledad, los cambios hormonales, el sentimiento de culpa y la auto exigencia son algunas de las experiencias abrumadoras que afecta la salud mental de las madres.
La agresión y los ataques sexuales contra mujeres son demasiado comunes y horrorosos. Para las mujeres inmigrantes, el riesgo de experimentar una agresión sexual es aún mayor, particularmente cuando buscan educación, empleo y acceso a servicios sociales y de salud. Desafortunadamente, incluso cuando buscan atención médica, a menudo son sometidas a agresiones sexuales por parte de profesionales médicos.
Hablar de las experiencias difíciles de nuestras vidas requiere tenacidad y confianza. Pero hablar nos libera y permite conectar experiencias. “Reclamando nuestras voces” fue un taller elaborado por nuestro Proyecto sobre Violencia Sexual en el que un grupo de mujeres sobrevivientes narraron fragmentos de sus vidas y sus luchas. Este mes volvemos a sus voces como fuertes ecos de vitalidad, sororidad y belleza.
Atravesando las calles de Nueva York y tratando de abrirme paso a través del laberinto del subway, me sigo encontrando con una mujer que nutre esta ciudad desde las sombras. Ella ha tenido múltiples rostros a lo largo del tiempo, pero si miramos con atención, es ella la que a través de la historia siempre nos ha cuidado: cocinando, limpiando, vistiendo e incluso construyendo los hogares neoyorquinos. Ella es migrante, trabajadora racializada y segregada. Suele venir del sur o los sures del mundo. Ha soportado condiciones laborales injustas, indignas e inestables y cada una de sus conquistas son el resultado de un esfuerzo sostenido en el tiempo que al final ha beneficiado a todo tipo de trabajadores, es decir nos ha beneficiado a todos.