Lo Que Aprendimos A Tolerar
- by Leyda Marcial
Por ninguna razón debería normalizarse y justificarse el acoso. Desafortunadamente hemos crecido en una sociedad donde muchas de estas conductas se han convertido en algo que aprendemos a tolerar, minimizar e incluso ignorar. Frases como “así son los hombres”,” no les hagas caso”, “seguro estaba bromeando”, terminan convirtiendo una experiencia de violencia en algo que se espera que simplemente aceptemos.

Cada que recuerdo la primera vez que me sentí asustada e inferior por el acoso, me lleno de impotencia y a la vez de tanta empatía por aquella joven de 16 años que solo quería bajar del autobús para poder ir a la escuela y tener una jornada normal; pero en lugar de eso, me quedé helada al sentir aquella mano por debajo de mi falda del uniforme, recuerdo haber corrido al salón y con lágrimas, quería que alguien me consolará. En lugar de eso, se me dijo “es normal, eso pasa”.
Y ahí es donde está el problema, cuando algo se repite constantemente, podemos llegar a creer que es normal. Pero que algo sea frecuente no significa que sea correcto. Ninguna persona debería sentirse insegura por la forma en que alguien más decide comportarse. Nadie debería aprender desde temprana edad que tiene que soportar comentarios, miradas, insinuaciones, tocamientos o cualquier otra conducta que invada sus límitespara evitar “hacer un problema”.
Romper con esos patrones también significa aprender a respetarnos como individuos y reconocer que nuestros limites importan. Significa entender que un “no” es suficiente, que nuestros cuerpos nos pertenecen y que tenemos derechos a sentirnos seguros. También significa cuestionar aquello que durante años hemos aprendido a normalizar. No solamente cuando somos quienes vivimos el acoso, sino también cuando somos testigos.Porque muchas veces romper el patrón comienza con algo tan sencillo, como no guardar silencio y no justificar la conducta.
La adolescente que fui no necesitaba que le dijeran que aquello era normal. Necesitaba que alguien le dijera que lo que había sucedido no era su culpa, que sus límites habían sido vulnerados y que tenía derecho a sentirse segura. Hoy, muchos años después, creo que también tenemos la responsabilidad de decirle eso a las personas que todavía están aprendiendo a reconocer la violencia; que no tienen que acostumbrarse a aquello que te hace sentir insegura, que no tienes que aceptar aquello que cruza tus límites y que no debemos seguir llamando “normal” a lo que nunca debió serlo.
Hoy desde mi trabajo como educadora comunitaria, tengo la oportunidad de hablar sobre estos temas y generar conciencia sobre conversaciones que muchas veces no tuvimos cuando éramos jóvenes. Por eso creo que la educación y las conversaciones abiertas son tan importantes. Romper con la normalización del acoso no significa únicamente enseñar a identificar una conducta violenta; también significa cuestionar las ideas y frases que durante generaciones nos han enseñado a tolerar. Quizás no podamos cambiar lo que yo viví de joven, pero sí podemos contribuir a que las próximas generaciones tengan las herramientas para reconocer sus límites, respetar los de los demás y sobre todo entender que el respeto no es algo condicional, es algo que todas las personas merecemos.
Leyda Marcial es la educadora comunitaria del Programa de Intervención contra la Violencia (VIP), donde imparte talleres y brinda capacitación sobre la violencia doméstica y la violencia de género. Antes de incorporarse al VIP, trabajó en el Consulado General de México, donde colaboró en programas y servicios dirigidos a la comunidad mexicana y a la comunidad de inmigrantes. Su labor se basa en el compromiso de apoyar a las comunidades de inmigrantes y de hacer que la información, los recursos y los servicios sean más accesibles para las personas que se encuentran en situaciones de vulnerabilidad.
Image Credit: Encuentro, 1959. Remedios Varo (España, 1908-1963)