“Ya te puedes casar”: Cultura Alimentaria y Violencia de Pareja

En la universidad, realicé mi tesis sobre la comida puertorriqueña, las medidas corporales y las historias que hay detrás de la cocina. Gran parte de la cocina casera se considera parte de las tareas «femeninas». Una ideología arraigada en el patriarcado, transmitida no solo por nuestros padres, sino también por nuestras madres. «Ya te puedes casar» es el cumplido que se recibe después de preparar una comida deliciosa, algo que normalmente aprendemos viendo cocinar a nuestras madres y abuelas. Sin los medios económicos o la posibilidad de comprar los alimentos debido a las desigualdades de poder que se dan en la violencia de pareja, resulta difícil mantenerse conectado con la propia cultura. En teoría, se considera que las tareas domésticas y la cocina son improductivas simplemente porque no se obtienen salarios por ellas. Esta forma de pensar sigue manteniendo las ideologías violentas que experimentan nuestras sobrevivientes. En Wages Against Housework, Federici escribe: «El capital tuvo que convencernos de que es una actividad natural, inevitable e incluso satisfactoria para que aceptáramos nuestro trabajo no remunerado. A su vez, la condición no remunerada del trabajo doméstico ha sido el arma más poderosa para reforzar la creencia común de que el trabajo doméstico no es trabajo, lo que impide a las mujeres luchar contra él, excepto en la cocina privatizada». Pensemos en la mujer que tenía que cocinar a diario para la persona que le hacía daño. Una vez que huye de la violencia, volver a pisar una cocina puede resultarle difícil, ya que los recuerdos afloran poco a poco.

La comida ha sido política desde siempre y sigue siéndolo, desde sus olores, precios, sanciones y la capacidad de acceder a alimentos frescos, hasta la forma en que se transporta y prepara. Muchas culturas de Estados Unidos, el Caribe y América Latina utilizan la comida como una forma de conectar con sus seres queridos, ya sea a través de reuniones familiares o fiestas. Gran parte de nuestra cultura está arraigada en tradiciones que se celebran con comida. Según nuestro informe anual de 2023, el 96 % de nuestres sobrevivientes ganan menos de 15,000 dólares al año, y existe una correlación directa entre la pobreza y un mayor riesgo de violencia doméstica. Se estima que, entre 2025 y 2034, la financiación del SNAP se reducirá en aproximadamente 186,000 millones de dólares. Muchas de las familias a las que apoyamos se quedarán sin ayuda o verán reducida la misma. Como defensores y sistema de apoyo a les sobrevivientes de la violencia doméstica, uno de los servicios más solicitados que ofrecemos son nuestros vales de comida de emergencia. A lo largo de los años, en mi trabajo he observado una pauta en los alimentos que se compran. Casi todos los hogares con los que he trabajado compran arroz y frijoles, y alguna proteína. Cosas que yo comía de pequeña. Estos vales permiten a nuestres sobrevivientes mantenerse conectados con su cultura a través de la comida, lo que de otro modo sería difícil sin estos servicios y apoyo.

En cierto modo, estos vales de alimentos de emergencia y la asistencia continua del SNAP permiten a nuestres sobrevivientes recuperar la cocina y experimentar diferentes formas de alimentarse a sí mismes y a sus familias. Oportunidades que tal vez no hayan podido tener mientras vivían con quienes les causaron daño, ya sea su pareja o un familiar. Como sabemos, el daño puede ser causado por cualquiera y lo causan las personas más cercanas a nosotros. Si puedo ser parte de la recuperación de sus procesos autónomos, eso es todo lo que podría esperar y pedir como defensora de aquellos a quienes apoyo y seguiré apoyando mientras me dedique a esta labor.

Referencia:

Federici, Silvia. (1975). “Wages Against Housework.” In Revolution at Point Zero:Housework, Reproduction, and Feminist Struggle. (15–22) Oakland, CA: PM Press; Brooklyn, NY: Common Notions; London: Autonomedia.


Dinatalia Farina es Housing Case Manager con los Programas de Vivienda de Transición y Realojamiento Rápido de Casa Sandra. Cuenta con más de cuatro años de experiencia en servicios sociales y obtuvo su maestría en Estudios sobre la Mujer, el Género y la Sexualidad en 2022. Su investigación se centró en la memoria, la narración y la encarnación en la cocina puertorriqueña.

Crédito de Imagen: Untitled, 1924. Diego Rivera (México, 1886-1957)

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