Fortaleza y Cambio: Un Nuevo Comienzo tras la Violencia en el Noviazgo
- by Priscila Galindo
Siempre pensé que la violencia entre parejas que veía a mi alrededor no la viviría, pero estaba equivocada. Cuando era pequeña, antes de los ocho años, siempre estaba cerca de mi hermana mayor y no prestaba atención a lo que pasaba a mi alrededor. No recuerdo los gritos de Papá hacia Mamá, no recuerdo las lágrimas de Mamá, ni las risas en familia. Lo único que vive en mi memoria es estar siempre al lado de mi hermana, incluso cuando Mamá tuvo que huir de Papá.

Cuando Mamá regreso ya no vivíamos juntos como la familia que un día fuimos. Tenía 9 años y mi mente no comprendía por qué íbamos a ver a un abogado, él me decía que era para ver cuál de mis padres tendría la custodia de sus tres hijas. En mi mente yo pensaba ¿Custodia? Sólo quiero que mis padres estén juntos. Cuando las citas al abogado terminaron, iba de visita los fines de semana a casa de Papá. Era vivir dos vidas diferentes, tener ropa en dos casas distintas, tener privacidad en una y en la otra no. Al principio íbamos de visita mis dos hermanas y yo, pero después solamente éramos dos. Pues mi segunda hermana se convertiría en mamá.
Con el tiempo todo iba cambiando, cada quien tenía sus prioridades, yo me sentía perdida y confundida. Recuerdo que Mamá siempre me decía, “No dejes que un hombre te alce la voz, ni que te pegue.” En ese momento ella ya había recibido los servicios de VIP y yo la veía más libre que nunca. En sus alcances como Promotora, siempre nos llevaba, yo veía como ella se veía a sí misma en otras mujeres que preguntaban qué era VIP. Mamá, muy segura, hablaba de los servicios que ofrecían en ese momento, pero también explicaba que el abuso no es sólo físico, que también existen otros abusos; emocional, financiero, digital, mental, verbal, y sexual. Sin Mamá saberlo, yo estaba pasando por abuso pero me daba mucha vergüenza decírselo.
Primero, yo era muy joven para tener novio. Segundo, él era mayor que yo. Nos conocimos cuando una amiga me lo presento como su primo. Cuando la relación amistosa empezó todo era muy bonito, sin importar nuestra diferencia de edad él me escuchaba. Yo sentía que nadie me quería, me culpaba por muchas cosas y él estaba allí, escuchándome cada momento en que yo me sentía perdida en casa. Era la primera vez que tenía la sensación de que alguien se preocupaba por mi; si estoy bien, si dormí bien, si comí, si había hecho la tarea, cómo estaba mi relación con mi familia. Así como me sentía perdida en casa me sentía igual en la escuela. Me iba de pinta en los años anteriores, ya que me hacían bullying por estar gordita, entre otras cosas. Y él me escuchaba, me dejaba hablar, incluso hasta llorar con él. Cuando me dijo que fuéramos novios, yo emocionada le dije que sí.
Al principio de nuestro noviazgo todo iba igual, él se preocupaba por mí. Normalmente nos veíamos los viernes porque los dos salíamos temprano. Me trataba muy bonito y yo por primera vez sentía que alguien nunca se separaría de mi. Pero poco a poco dejó de escucharme y de ser cariñoso. Él, por otros amigos, encontró la vida de las drogas y el alcohol. Cuando era viernes ya no salía conmigo, salía con sus amigos y yo ya sabía que eso significaba que ese fin de semana iba a tomar hasta el lunes.
Cada vez más se volvía mas controlador, si yo salía le tenía que enviar mi ubicación, decirle con quién, y si me llamaba y no le contestaba lo seguía haciendo hasta que le contestara. Aún no conforme con eso, quería que me pusiera unos audífonos para él escuchar mis conversaciones con todas las personas que me rodeaban, sin importar si estaba en la escuela o paseando con mi familia. Tenía acceso a mis redes sociales, con quien hablaba y todo. Cuando sabía que yo estaba enojada, me llenaba de regalos; unas flores, chocolates, un bocina, audífonos, o dinero. Era para que yo me contentara, pero duraban poco nuestras reconciliaciones.
Hubo un momento en que yo ya estaba cansada de lo mismo, de vivir con miedo a que se enojara, y exploté. El había llegado al extremo de decidir mis amigos. Por sus celos exagerados tuve que dejar de hablarle a mi mejor amigo de años, me dolió hacer eso porque consideraba a ese amigo el hermano que nunca tuve.
Al poco tiempo le revisé su iPad y me di cuenta que le enviaba textos a otra persona, al enfrentarlo me culpó a mí. Dijo que si yo hubiera sido más atenta, más “mujer”, él no estaría buscando otra persona. Fue en ese momento en que entendí que nuestra relación no era sana, que no tenia futuro. Me acordé cómo mi mamá tuvo que dejar todo atrás para poder ser libre, incluyendo a sus dos hijas mayores. Me llené de valor y simplemente le mandé un texto que decía “Adios” y lo bloqueé de todas mis redes sociales. Nunca me buscó. Entendí que lo que teníamos era simplemente la costumbre. Yo no lloré, pues en toda la relación había llorado mucho.
Reflexionando sobre lo que yo pasé hace siete años, le diría a los jóvenes que está bien tener relaciones, ya sea amistosas o amorosas, siempre y cuando sean sana. Gracias a que Mamá estaba en VIP aprendí que lo que me pasaba eran diferentes tipos de abusos. Aún así y teniendo los recursos pasé por el abuso de pareja.
No tengan miedo de hablar con un adulto de confianza para decirle que no están bien, y está bien no estarlo. Siendo jóvenes no se acaba el mundo, al contrario siempre llega algo mejor.
Priscila Galindo, trabaja desde hace varios años como Promotora voluntaria de Violence Intervention Program, distribuyendo información y educando a la comunidad latina sobre la violencia doméstica y sexual. Actualmente, también estudia Trabajo Social en Hostos Community College.
Image Credits: Natalia Gallego Sánchez, Gleo (1992), Colombian artist, Detail, «Inner World» Mural in Charlotte, NC (2019)