El Rostro Femenino de la Migración Latinoamericana

«Las mujeres migrantes llevan en su interior una historia de supervivencia.
Su fortaleza reside en el dolor que han transformado en esperanza,
en la resistencia que forjan con cada paso lejos de casa.»
– Isabel Allende, Paula

Es difícil hacer que alguien comprenda el proceso de migración si nunca lo ha experimentado. Migrar es mucho más que cruzar fronteras geográficas; es cruzar fronteras culturales y emocionales. Es dejar atrás una vida que sabes que nunca recuperarás. Para muchos, emigrar significa quemar puentes y zambullirse en la incertidumbre, abrazar un mundo desconocido en el que las costumbres y los valores no siempre son familiares, pero en el que inevitablemente hay que aprender a navegar.

Cualquiera puede emigrar, pero sólo quienes viven en condiciones precarias lo harán en las circunstancias más adversas, y en esas condiciones, las mujeres tienen todo en su contra. El género influye en cada paso del proceso migratorio: desde las causas que empujan a abandonar el hogar, hasta las difíciles condiciones que se afrontan por el camino y las limitadas oportunidades disponibles al llegar al destino. Muchas mujeres migrantes ya han sido desplazadas dentro de sus propios países debido a la violencia, o han cruzado más de una frontera para llegar al final, lo que hace que el viaje sea aún más peligroso.

Estas mujeres emigran por muchas razones: huyendo de la violencia doméstica e institucional, escapando de la pobreza que el neocolonialismo ha sembrado en nuestras tierras, intentando escapar de los conflictos armados y tratando de proteger a sus hijos de la violencia urbana. Caminan solas, embarazadas, con niños a cuestas, cargando no sólo con sus pertenencias, sino también con cicatrices invisibles. Algunas desaparecen en el desierto, sin llegar nunca a su destino. El viaje puede transcurrir sin incidentes, pero para muchas es un camino marcado por la violencia y el sufrimiento.

Para las mujeres pobres de América Latina, la migración no es una elección; es una cuestión de supervivencia, y el género agrava enormemente la experiencia. Llevan la vulnerabilidad como una segunda piel, expuestas al peligro constante de la violencia sexual y se encuentran entre las más afectadas por las redes de trata de seres humanos. Sin embargo, a menudo no les queda otra opción que seguir adelante, con la esperanza de que al final del camino haya una oportunidad de cambiar su destino.

Sin embargo, ese destino final también puede estar plagado de discriminación, miedo constante a la deportación, hostilidad antiinmigrante, precariedad económica, explotación laboral, desconexión de la familia, barreras lingüísticas, traumas del pasado y pérdidas. Sin embargo, vemos a estas mujeres inmigrantes todos los días: no son extrañas para nosotros. Forman parte de la realidad que nos rodea, y nada ni nadie puede hacerlas invisibles. Están ahí, trabajando en fábricas, vendiendo caramelos en el metro con un bebé en brazos, limpiando casas, vendiendo comida en la calle, cuidando de los hijos de otros mientras los suyos están lejos y enviando remesas a casa. Al hacerlo, se convierten en un pilar económico para la familia que dejaron atrás, especialmente para sus hijos, mejorando las condiciones de vida de todos. Quizá ése era el destino que tenían en mente cuando se pusieron en camino.

Este Mes de la Herencia Hispana es el mejor momento para celebrar el coraje y la resiliencia de todas estas mujeres, que decidieron un día emprender un largo viaje lleno de obstáculos para terminar venciendo por perseverancia.

Toda mujer migrante latinoamericana con conciencia de género y de clase se ve reflejada en ellas. Somos una sola mujer tratando de conseguir los derechos que se nos niegan en todas partes y durante generaciones. Somos invencibles. Somos hermanas.


María Eugenia Mondéjar es la Directora del Programa de Participación Comunitaria de VIP. Emigrante venezolana, vive en Nueva York desde hace 22 años. Estudió Lenguas Clásicas en la Universidad de los Andes en Mérida, Venezuela, y trabajó como cineasta en el Departamento de Cine de la misma universidad.

Crédito de la foto: Madre Campesina, 1924. David Alfaro-Siqueiros (México, 1896-1974)

Facebook
X
LinkedIn

Un comentario

  1. Hay que entender que la migración no es una fácil decisión…y las mujeres que migran generalmente son muy fuertes…
    Aplausos de pie a quienes decidieron migrar…. y tal como se reseña: #SomosInvencibles #SomosHermanas.

    Bendiciones a todas las familias hispanas que han migrado!

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *